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lunes, 8 de julio de 2013

El maltrato de género.

Salgo corriendo sin saber que hacer, me encierro en casa pensando que el no esta, cierro y atranco todo tipo de abertura posible al exterior y me escondo. Tras unos minutos de calma salgo de mi escondite a un asustada y me tiro al único teléfono que hay en la casa, pero estaba cortado no había línea, el estaba en casa. Suponiendo lo que iba a pasar a continuación, corro a la puerta e intento abrirla pero la había atascado yo misma y no se abría. Me recorro la parte de abajo buscando algo con lo que defenderme si se atrevía a bajar encuentro una especie de palanca en el suelo de la cocina. Era un poco extraño ver algo tan fuera de lo común en una cocina normal, seguro que la había utilizado para cualquier cosa que no la dejase escapar pensé.
Fui a la entrada e intente forzar la puerta desquiciada por no saber que más hacer, pero no tenía suficiente fuerza para ello. Lo único que se me ocurría era subir y contraatacar pero el miedo me impedía moverme. Estuve un tiempo en silencio esperando a que respondiera de algún modo, cuando lo vi saliendo de la futura habitación del bebé que esperaba.
Bajo lentamente las escaleras hasta situarse delante mía.
-¿Qué se supone que vas ha hacer con eso?, sabes muy bien que no eres nada contra mí y que no tienes fuerza de ninguna clase para forzar la puerta o las ventanas, no hay escapatoria tendrías que haberte pensado mejor eso de quitarme las fábricas y ponerlo a nombre de tu hijo, o espera es de los dos.
-Yo no puse por gusto el nombre de nuestro hijo en la herencia, no había otra forma de que conserváramos las fábricas, tu lo echarías todo a perder, no eres capaz de llevar el negocio y ningún otro por lo que me vi obligada a cerrarlas temporalmente hasta que Elaya fuera lo suficientemente mayor.
-A un no has firmado los papeles faltan dos diás querida Julia.
- Que insinúas.
-Que nunca vas a firmar esos papeles y que además Elaya nunca sabrá lo que es una fábrica.
Me quito la palanca de las manos e intento darme en la cabeza, pero no lo consiguió.
Salí corriendo y el detrás de mi pero a un así el seguía siendo más rápido que yo y nunca podría ganar esta batalla.
subí las escaleras pensando que podría saltar desde la ventana del baño que seguro que no cerro de ninguna manera.
Tropecé con la alfombra espesa que recorría todo el pasillo. Se acercaba lentamente pero en un paso en falso tropezó y también callo.
Me levante como pude y me tire al baño cerré la puerta con pestillo y me intente calmar.
-¡Abre la puerta!
Empezó a pegar golpes contra la madera vieja de la puertecita de nuestro baño y paró.
Creí que se había calmado hasta que hoy su voz más cerca de lo que creía había echo un  boquete poco a poco en la puerta lo suficientemente grande para colarse lentamente ya había metido medio cuerpo dentro del pequeño espacio. Corrí a la ducha la abrí y cerré en un segundo, por suerte la ventana estaba abierta y me pude colar estaba sentada en el borde y vi la altura que había desde allí, pero el ya había entrado por completo en el baño, lo se porque escuche caer sus dos pies en el liso suelo. Me tire y por desgracia mi barriga amortiguo la caída note que las piernas me fallaban por culpa del golpe. Me arrastré hasta la casa vecina y les dije por favor que llamasen a la policía. Minutos después ya habían cogido a mi marido y yo estaba en la ambulancia. Eso es lo único que recuerdo ya que me desperté en el hospital y me advirtieron de que el pequeño Elaya ya no estaba entre nosotros.


2 comentarios:

  1. Me has hecho sentir un montón que cosas con este relato... Sobre todo al final que de repente... "Plaf". Dios que dura debe ser esta situación...
    Un beso

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  2. He sentido el miedo y el pulso acelerado de la protagonista como si fuese yo misma. Me has dejado estupefacta, ha sido como estar allí. Me siento tan triste porque el niño murió, el final es más triste que la historia en sí. Al fi y al cabo una vida es una vida. Te sigo, un beso :)

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